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En la Comunidad Terapéutica de Paternitas ubicada en la localidad El Monte, trabaja un equipo multidisciplinario de profesionales muy calificado: psicólogos, psiquiatras, terapeutas, todos ellos de una alta vocación por el trabajo con el ser humano y dirigidos por Luis Maulen.

El trabajo que allí se realiza apunta a personas con graves adicciones, actualmente viven en la comunidad 20 beneficiarios que están en proceso de rehabilitación, entre los 20 y los 55 años de edad. Algunos de ellos han llegado a cometer delitos menores, justamente por la influencia de la droga y del alcohol, sin embargo en general son personas desestructuradas con grandes vacíos afectivos y mucha desesperanza. También hay 14 cupos Senda, esta es una manera que se asignen recursos económicos, el resto de la mantención del centro se logra gracias a las donaciones que recibe la Fundación Paternitas.

“Es un centro que funciona 24/7 y nuestra metodología se basa principalmente en dos puntos centrales: tener una intervención activa y una participación protagonista del beneficiario, donde el conocimiento personal es muy importante. La drogadicción es un síntoma de una situación más profunda y compleja, el problema no es la droga es el hombre”, destaca Luis Maulen. El trabajo que desarrolla este equipo es que la persona se vaya conociendo y entendiendo ¿qué lo hace sufrir? Luego de este proceso trabajar en conjunto la búsqueda del sentido a sus vidas”, dice el director.

Maulen destaca que tienen un 30% de recuperación en sus beneficiarios, “a pesar que acá atendemos a personas que vienen con múltiples tratamientos fallidos, provienen de familias muy vulnerables, con consumo de drogas al interior del hogar y en algunos casos existe el tráfico”, señaló. Se realiza un seguimiento de 6 meses, luego de un proceso de 9 meses de internación, los usuarios tienen jornadas de terapias laborales en la mañana y variados trabajos tales como: carpintería, jardinería y cultivan varios productos en el invernadero. Todas las tarde a partir de las 15:00 horas se desarrollan terapias grupales y a partir de las 17:00 horas realizan deporte, juegan futbol, como actividad recreativa. Una vez a la semana los visita el Padre Nicolás Vial, presidente y fundador de Fundación Paternitas, quien realiza una misa y hace actividades espirituales grupales e individuales.

Los beneficiarios encuentran una esperanza para recuperarse en esta Comunidad

Jonathan Rivas, tiene 31 años y cayó en la droga a los 13, llegó al centro por poli consumo. Su padre y su madre son campesinos de la localidad de Padre Hurtado, reconoce que durante su niñez, a pesar de ser pobres, fue muy feliz, y por sentir un desapego muy fuerte por parte de su progenitor cae en el mundo de la droga, a pesar de reconocer que su familia estaba bien constituida.

“Siento que voy avanzando y estoy compenetrado en el tratamiento, tengo una hija de 10 años, por ella quiero salir adelante en este, que es mi segundo proceso de recuperación. Voy controlando y sintiendo mis emociones, porque el efecto de la droga te impide sentir emociones; es decir no sientes pena, rabia, ni compasión por nada, sólo quieres consumir más y más”, sostiene Rivas. La droga genera cambios químicos en el organismo y hay daños que quedan para siempre, en el Centro se han visto muchos casos afectados por el consumo que se les olvida leer o escribir.

Por otra parte una de las profesionales de la Comunidad, la psicóloga, Valeria Barrios, indica que Jonathan es un fiel testimonio del trabajo del lugar, ya que a pesar que es su segundo proceso, él ha avanzado en estos tres meses considerablemente, puntualizando que ha sido un consumidor severo de varios tipos drogas. “Soy psicóloga de la Usach, podría haber trabajo en otro lugar, sin embargo el trabajo social y de recuperación que aquí se realiza me atrajo, verdaderamente creo que no me equivoqué, uno ve otra realidad, ya que son personas que vienen de un ambiente muy vulnerable”, añade la psicóloga.

Cabe destacar que “para la Comunidad Terapéutica es muy importante en los procesos de recuperación y en los tratamientos que aplicamos que los beneficiarios asuman la responsabilidad de sus actos y su historia y desde la adaptación y el autoconocimiento trabajamos sus propios proyectos futuros”, destaca la profesional.

Finalmente uno de los ejes centrales que todos los profesionales de la Comunidad Terapéutica desarrollan y tienen muy claro es la siguiente premisa: hay que acoger, creer y confiar en las personas que allí acuden y darles una nueva oportunidad de vida y no discriminarlos por haber cometido estos errores. “A veces un abrazo repara tanto daño acumulado por tanto tiempo”, dice Valeria Barrios.