Señor Director:

Los últimos tiempos han sido testigos, de manera evidente, del pecado de la Iglesia chilena como una serpiente venenosa que se ha deslizado y ha dejado su ponzoña por todos lados, impactando profundamente el corazón de las personas. Se escucha a menudo decir a algunos que lo ocurrido es de tal envergadura que cuesta ser optimista y hacer que surja la esperanza.

La experiencia de la Fundación Paternitas ha sido hacer notar que es mucho más importante el futuro que aún no empieza, que un pasado contaminado y muerto. Esto lo decimos en virtud de nuestros usuarios, que llegan a la Fundación movidos por el anhelo de un verdadero cambio de paradigma, que deben hacer realidad enfrentando y luchando contra una sociedad sospechosa y estigmatizadora.

Este drama, inserto en la historia, no ha dejado indemne ni a la Iglesia, ni a los pueblos ni a la política ni a la economía. En un contexto cultural, donde se ha privilegiado el abuso de poder, la mentira, la descortesía, la corrupción, la deslealtad, emerge la ciudadanía como profeta de la historia, el Papa Francisco, y voces múltiples invitando a volver a los orígenes de la cristiandad, que nos han de llevar a la restauración de las relaciones humanas, la ecología, la dignidad y el respeto por la vida.

En este contexto, habiendo sido llamados al orden sacerdotal para proclamar la verdad, la justicia y el amor, se ha traicionado, de manera vulgar y vergonzosa este ministerio. Sin embargo, estos hechos conllevan la esperanza de ser derrotados del orgullo, de la soberbia, del creernos invictos, de pensar que lo sabemos todo. Debemos aprender a escuchar, a conocer los dolores, las angustias y las heridas de los demás, y acogerlos con bondad y misericordia.

Hoy, más conscientes que nunca de nuestras debilidades, y equiparados al pecado más abyecto de la humanidad, nos queda implorar la gracia de Dios para levantarnos y reiniciar el camino para el cual hemos sido llamados.

Pbro. Nicolás Vial Saavedra
Presidente Fundación Paternitas

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